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CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA

CARLOS BORDÓN

CARLOS BORDÓN Un día, en Santa Rosa de Lima empezó a llover. Mientras las nubes grises mojaban nuestros techos, los pájaros se refugiaban en sus nidos cuidando a sus pichoncitos para que no se caigan. También las antenas se mojaban y se oxidaban con la lluvia mala y clara que inundaba nuestro barrio y los tanques de agua se rebalsaban con las brillantes gotas de la lluvia, al mismo tiempo que las chimeneas calentaban las casas por dentro.
El agua tapaba los desagües con la mugre que arrastraba a su paso. También las zanjas se inundaban con las grandes gotas de agua. Y los charcos crecían y se convertían en grandes lagos que terminaron por formar una nueva inundación.
La mayoría de las bombas extractoras estaban fuera de servicio.
Entonces comenzó la autoevacuación. La gente mojada sacaba los electrodomésticos y la ropa de adentro de sus casas. Todos huían del agua como podía. Otra vez los pobres nos inundamos.

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