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CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA

MICAELA LENCINA

MICAELA LENCINA Una mañana había comenzado a llover sobre la ciudad de Santa Fe.
Yo miraba por la ventana y veía como el cielo gris goteaba y mojaba las antenas de televisión. También veía que las aves permanecían bajo la copa de los árboles esperando que la lluvia brillante se calmara, mientras las gotas de la lluvia continuaban mojando las chimeneas y humedeciendo las paredes. Los rayos iluminaban el cielo gris y, a lo lejos, se oían unos truenos muy fuertes.
El agua se desplazaba con fuerza y arrasaba los desechos que estaban tirados en la calle. Las zanjas se llenaban de mugre y se tapaban y el agua buscaba lugares más bajos para desagitar y no encontraba donde y se estancaba.
Como la lluvia seguía y nunca paraba, la ciudad se empezó a ver como un lago.
Entonces la ciudad se inundó y la gente no pudo sacar nada.
Pobre y hambrienta, corría bajo la luz del cielo buscando lugares donde poder evacuarse. Otros salían en botes o fabricaban balsas para salvar lo que fuera posible.
Una vez evacuados se sintieron mejor porque les daban de comer y un techo para dormir.
Pero lo peor faltaba por venir. Pasada la lluvia, debían regresar para encontrarse con el desastre, con las pérdidas, con la mugre.

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