YÉSSICA MARTÍNEZ
Una mañana me levanté para ir al colegio y cuando estaba en camino se largó un fuerte chaparrón. Las nubes oscuras tapaban el sol que salía cada mañana. Los fuertes truenos se escuchaban y los árboles mojados extrañaban tener, como siempre, los pájaros parados en sus ramas largas y con muchas hojas.
En un descuido del tiempo, los pájaros aprovechaban para regresar a sus nidos.
Pero el agua creció y creció hasta que la gente, desesperada, corría por las calles inundadas y los hombres corrían a matar chanchos entre el agua sucia. Buscaban comida para unos cuantos días y cargaban sus cosas en carros, en autos, en canoas, en hombros, para irse lo más lejos posible y estar un poco más tranquilos.
Tuvimos que estar muchos días fuera de la casa y el primer día que llegamos a limpiar, el agua había destrozado todo. Los muebles quedaron hinchados y desde las paredes húmedas llegaba mucho mal olor.
La llovizna no ayudaba para nada.
El tiempo, un día estaba lindo y un día feo, con nubes muy negras.
Nosotros limpiábamos y al otro día había tanta humedad que ya no sabíamos qué hacer.
Estas inundaciones traen mucha tristeza.
Y cada vez la gente tiene más miedo.
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