MARÍA PAULA PÉREZ
Un día me levanté de la cama, me asomé por la ventana y ví como caían las suaves y finas gotas de la lluvia.Enormes relámpagos iluminaban campos amplios e inundados. Los árboles se balanceaban de un lado a otro mientras las hojas volaban en el viento.
Era hermoso.
Pero la lluvia no paraba.
El agua escapaba por las calles hacia el oeste mientras las zanjas empezaban a rebalsar y a armar charcos gigantes en las calles. Los campos de los alrededores no podían absorber más agua y empezaban a formarse lagos interminables junto a las rutas.
La inundación comenzaba a desesperar a las personas.
La gente partió de sus casas hacia el refugio de los centros de evacuados. Todas mojadas, algunas familias preferían tomar prestadas las casas que estaban a la venta o en alquiler.
Dicen que recibieron colchones y abrigo. Dicen que la comida llegaba muy tarde y que pasaron hambre. Dicen que las escuelas hicieron todo lo que pudieron. Dicen que rompieron todos los lugares donde les dieron alojamiento.
Pero el regreso se les hizo muy difícil. El clima no mejoraba. Seguía nublado y lluvioso. Las casas estaban sucias, manchadas, mugrientas.
El panorama era desolador.
La humedad brotaba de las paredes y todos los muebles que quedaron dentro estaban en pésimas condiciones.
La gente está agobiada y desilusionada.
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