
Un día lluvioso, en Santa Fe, comenzó a llover torrencialmente. Se escuchaban, a lo lejos, los trinos agradables de los pájaros. Caía sobre los techos de los edificios, la lluvia fría. Se movían como si estuvieran secándose, las angostas copas de los pinos. Sobre las azoteas, las negras nubes caminaban en el cielo gris.
El agua, ágil, avanzaba lentamente por las cunetas hondas y húmedas. Buscaba los terrenos bajos para poder acumularse e inundar zonas. Se detenía en lugares bloqueados por el agua sucia y olorosa. En los desagües tapados se acumulaban hojas, basura, desechos. Subía lentamente por la cantidad de lluvia caída sobre las calles.
La mayoría de las bombas extractoras estaban fuera de servicio.
Fue entonces cuando, a los niños con imaginación les pareció escuchar voces en medio de la lluvia. Escuchaban la voz de un inundado preguntándole al agua por qué lo hacía, qué habían hecho ellos de malo para merecer ese castigo de ver sus casas inundadas, mojadas sus pertenencias y sus cosas arrastradas por el barro. Y el agua le respondía que ella no tenía idea, que también el gobierno les había aconsejado que no hicieran sus casas en un terreno bajo y tan cerca del río sin que ellos hicieran caso. El hombre quiso explicarle que con el sueldo que le pagaban era difícil que pudieran vivir en un barrio mejor. Pero el agua le contestó que ese no era su problema.
La gente, con miedo, salía corriendo de sus hogares mientras el agua les mordía los talones. Una parte de ella llamaba a sus parientes, preocupados, para que los buscaran y los ayudaran. Fatigados, buscaban un refugio cercano, lejos del agua. Salían con sus pertenencias en la mano, asustados por la masa líquida que se acercaba lentamente a ellos. Se autoevacuaban en las escuelas, centros de evacuados o casas de familia.
Luego de veinte largos días, la gente, triste, regresó a sus casas, esperanzados de que el drama no vuelva a repetirse. Encima de sus cabezas, la lluvia y el cielo gris comenzaban a desaparecer.
La gente sentía enojo por todo lo ocurrido. Tanto adentro como afuera de las personas el clima era gris.
En esta ocasión, la voluntad de la gente tuvo que ser más fuerte que en las anteriores inundaciones.