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CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA

MAURO SOLÍS

MAURO SOLÍS Hacía ya muchos días que las gotas ágiles caían sobre Santa Fe y mojaba las antenas de televisión. Las gotas abrillantadas caían sobre los techos de las casas. Cuando paraba de llover, los pájaros aprovechaban el descuido del mal clima para buscar comida o para esconderse.
El agua bañaba las copas de los árboles. Las gotas, llevadas por el viento, golpeaban contra las paredes y movían a los árboles.
El agua de la lluvia empezó a buscar los lugares más bajos de la ciudad. A los costados de la calle, las zanjas arrastraban la mugre. Algunos charcos barrosos se iban transformando en enormes lagos que ocultaban el peligro. Todos los desagües estaban tapados con botellas plásticas, con bolsas de nylon, con ropas viejas y ayudaron a inundarnos.
Algunas personas aterrorizaban a otras con noticias del agua.
La pobre gente corría en medio de la suciedad, tratando de alejarse de ella. Desesperada, buscaba dónde evacuarse. Bañada por la lluvia, llevaba sus bolsones llenos de ropa y alimentos para sobrevivir. Otras personas los ayudaban.
Después de dos semanas pudimos regresar.
Al llegar encontramos mucha mugre en el piso. Las paredes estaban manchadas y sucias y el machimbre hinchado. Los muebles, el cielorraso y las puertas, todos golpeados por las cosas que flotaban.
El cielo estaba lleno de nubes negras.
Yo no podía dejar de pensar en lo que sucedería con nosotros y el miedo se apoderaba de mí. Estábamos mojados, hambrientos y con una gran tristeza por compañía. Pero seguimos guardando en nosotros la esperanza de volver a empezar.

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